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Contracultura- Especiales


El apasionado culto que arrastra el cine de serie B (y por extensión el de serie Z) es debido a una razón muy simple: a pesar de que muchas películas son malísimas, hablar de ellas resulta un placer inacabable. Se puede recordar y comentar durante horas sus errores de montaje, sus fallos de guión, las interpretaciones plexiglás o la banda sonora que no pega ni con cola. Las carcajadas que produce una película mala supera -en duración y en variedad- a las de las mejores comedias. Y hay un placer añadido, porque los aficionados al "zine" han conseguido hacer un género de cada tópico y acuñar un término para cada elemento, convirtiéndose así en uno de los colectivos más vivos, frescos y divertidos de cuantos pueblan las subculturas mundiales. Callad, que empieza la peli.


ZINE B

La denominación "serie B" ha designado, con el paso de las décadas, cosas distintas. Nació en los años treinta, cuando los grandes estudios de Hollywood gastaban fortunas en unas pocas películas rebosantes de estrellas del celuloide mientras que, a la vez y por lo bajini, invertían cantidades ridículas para otras muchas películas de directores infectos desplazados por la industria, protagonizadas por actores demenciales, reutilizando los decorados y los vestuarios de las superproducciones. Las películas de serie B eran, pues, películas de grandes estudios alimentadas con las migajas de las de serie A.

[IMAGE] Cuando en los años sesenta llega el ocaso de los imperios cinematográficos, éstos dejan de ofrecer películas baratas para reducir costes, y es entonces cuando, para cubrir ese agujero del mercado, toman cuerpo las productoras independientes -que se buscaban la vida para distribuir sus películas, no se sufría el monopolio que sufrimos hoy en día-. Con esta oleada de películas casposas y grasientas nace la actual concepción de serie B: filmes de muy bajo presupuesto con temáticas que, con el tiempo, han terminado convirtiéndose en señas de identidad: monstruos con truco, psycho-killers desaseados, chicas semidesnudas, naves espaciales de cartón pintado y un desparpajo sin límites. Necesaria cuna y plataforma de lanzamiento de jóvenes autores y cómodo refugio de los que han preferido conservar su individualidad, el zine B sigue siendo una constante caja de sorpresas, un infinito álbum de géneros, una constante alegría para nuestras tridimensionales vidas.



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