
50 RAZONES PARA CAMBIAR DE GAFAS
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DIRECTORES MALDITOS, MALDITO CELULOIDEDesde siempre ciertas películas han sido desterradas al limbo de los creadores apestados, que han visto sus creaciones pudriéndose en viejos almacenes lejos del público. El fracaso viene por muy diversos caminos, así que vamos a apunta unos cuantos para disfrute de niños y grandes. Choque de ideologías: el mejor ejemplo se llama Leni Riefenstahl, documentalista épica de grandes eventos, con una forma de rodar muy espectacular. El pequeño fallo fue que, siendo alemana y de su época, filmaba las hazañas nazis y las grandes demostraciones patrias a ritmo de acordes de Wagner. Condenada por el asco a la esvástica. Demasiado largas: Culebrones inacabables que forzaron el tijeretazo. Un buen ejemplo es La puerta del cielo (Michael Cimino, 1959), megawestern de cuatro horas que acabó por milagros relativistas en hora y media escasa. El fracaso llevó a la United Artists, Pantera Rosa incluida, a la bancarrota. Fracasados reincidentes: directores que toman por costumbre arruinar a sus productores y endeudarse hasta con las de la limpieza. Ver sus películas es toda una epopeya. Un buen ejemplo autóctono es Fernando Fernán Gómez: toda su vida rodando películas que no veía ni Cristo pero que, exactamente por eso, le hacían famoso. Tampoco se salvan los clásicos: Welles montaba sus películas con celo y Godard lleva treinta años comiendo de su mujer. Qué raro es esto: tan extrañas que no las ha visto ni el montador. Al verlas, a los productores les han salido úlceras en todo el cuerpo. Ahí está La Noche del Cazador, estremecedora obra maestra, que a su estreno no fueron ni los críticos. El director, Charles Laughton, dejó la película que iba a rodar y se deprimió hasta la tumba. La maldición de la Caspa: Películas fabricadas para el contenedor. Saben que no las va a ver nadie, y no les importa. El arte por el arte. Ahí está Ed Wood para demostrarlo: de pretendiente al oscar a necrofilia pornográfica. El timo del Tocomocho: Películas que se promocionan como fracasos o repletas de maldiciones pero que en realidad terminan llenando las plateas y las carteras. Nótese Poltergeist (Tobe Hooper), donde se aireó convenientemente la noticia de que del equipo de rodaje no sobrevivió ni el de los bocadillos. Entran y salen: De lo más alto a lo más bajo y de la maldición a los altares. Disney pasó quince años en el purgatorio hasta que salió su turno para el charcutero. De fantasías oscuras a pastelitos azucarados, los intentaron todo hasta que salieron del banquillo. O miren a Travolta. Culos de mal asiento: La primera película es un exitazo y deciden huir de las pantallas generales. Victor Erice o Stanley Kubrick pasan del taquillaje y van a su bola. Ermitaños del celuloide. Condenadas al subtítulo: multitud de películas han caído en el fracaso por el simple hecho de ser extranjeras y grabadas en idiomas marcianos, con diálogos que acaban antes de que el actor termine de mover la boca. Las letritas bajo la pantalla espantan al público que da gusto. Ejemplos infinitos: películas rumanas, checoslovacas, camboyanas, indias, y la creme de la creme: el cine made in Marruecos. |
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