Bokito, el gorila del Zoo de Amsterdam, decidió que ya era suficiente. Tres dÃas por semana, una mujer visitaba el zoo y se le quedaba mirando. Tres dÃas por semana. En las reglas de convivencia de los gorilas, quedarse mirando es un signo de desafÃo. Bokito decidió que el tema tenÃa que resolverse, asà que saltó de su espacio, se fue directo a por la mujer, la mordió y la rompió un brazo. La mañana en la que Bokito estuvo suelto por el zoo de Rotterdam fue ampliamente cubierta por los medios holandeses y españoles.
Lo que ven es la última innovación holandesa en visitas al zoológico: las gafas para mirar a los gorilas el tiempo que te venga en gana. En lugar de preguntarse “como es que una señora tiene una obsesión de ese tipo”, se dicen “ey, igual hay muchas personas asà y podemos sacar beneficio”. De ahà estas gafas con ojos que miran para un lado y agujerito para darle gusto a nuestro voyeurismo simio. IngenierÃa a remolque de los fetichismos animales.
Supongo que saben que hay una variante del fetichismo en la que los participantes se embuten en cuero, latex y/o goma y se hacen pasar por mobiliario. Eso blando que hay sobre las ruedas en forma de butaca de oficina tiene una persona dentro.
¿Y si hubiera grandes superficies para esta especialidad?
Espectacular experimento de cámara oculta: ponemos un actor a preguntar por un lugar con un mapa, y en un momento determinado lo cambiamos por otra persona.
Como nadie se da cuenta, lo cambiamos por un cantante famoso.
Como asà tampoco, ponemos a una persona de una raza distinta.
Da igual. Al cerebro lo que le importa es la continuidad. Todo lo demás es accesorio. Vean: