El bolÃgrafo cámara espÃa “Mauricio”, el reloj Cámara EspÃa “Julito Rin Rin”, la gorra Cámara EspÃa “Malaguita” o la linterna Cámara EspÃa “Amparito” son algunos de los objetos estrella, que se detallan en el cartón y en la web del fabricante.
Seguro que si les digo que soy un apasionado de la canción del verano, me malentenderán. El nombre “canción del verano” tiene usos parciales, que atiende a lo que cada cual quiere remarcar. Hay quien lo usa para referir la canción más vendida en tiempo de estÃo, y se quedan panchos al refugio de los números. Hay otros más fieles, que la enuncian como la canción mas bailada del verano: es decir, que aunque una grabación del Canon de Pachelbel arrasara en ventas, no serÃa la canción del verano porque -y aquà estamos hilando fino en el mundo de la expresión corporal- el Canon de Pachelbel no se baila.
Yo tengo un baremo parcial y personal para “la canción del verano”, más perjudicial si quieren que los anteriores. Para mÃ, la canción del verano es la que florece por sorpresa. Es decir: el wakawaka de Shakira en 2010 queda fuera de mi clasificación, porque se estableció como canción del verano por decreto. Se repetÃa en los múltiples telediarios, se multiplicaba en las rotaciones, y las constantes alusiones al campeonato mundial de fútbol incluÃan necesariamente la canción oficial del torneo. Establecer como canción del verano la que aparece con más frecuencia en los medios de comunicación es como decir que el alimento favorito en Haità son las cajas que se donan en paracaÃdas: un insulto al grupo, y un loor al de las alturas.
AsÃ, para mà la canción del verano -y verán ahora que no todos los veranos la han tenido- ha cumplido una caracterÃstica especÃfica: ha levantado a la gente de las sillas para mi sorpresa. Subrayo el mi en “mi sorpresa”. Uno ve los mismos telediarios que el resto de la ciudadanÃa, lee similares periódicos, atiende a las mismas radios, y está someramente familiarizado con “el carril principal”. Las canciones del verano por imposición son asà “evidentes sin esfuerzo”: nos las hemos encontrado por necesidad, están omnipresentes en las rotaciones. Cuando aparece una genuina canción del verano, la pregunta primordial es cómo se ha extendido esta pieza en particular. Ha habido una genuina expansión fuera de los moldes impuestos. Pura diversión en transmisión directa.
Para mà el ejemplo central de canción del verano fue Tengo un tractor amarillo, de Zapato Veloz. Estaba en una boda donde sonaban canciones conocidas, una tras otra, sin mayor respuesta de la concurrencia, hasta que sonó ese tema desconocido. De repente, el grueso de los asistentes corrieron a llenar la pista y a marearse bailando la conga. Hasta entrado el otoño, la canción no aparecerÃa en las televisiones. Eran dos mundos separados: Zapato Veloz habÃa entrado en la pantalla mediante las pistas de baile, en un mundo donde lo normal es llegar a las pistas de bailes mediante la pantalla.
Este año, y perdón por el rodeo, la canción del verano está siendo un reguetón que, ahora que me he puesto a mirarlo, considero que tiene miga digna de estudio. Probablemente no lo han oÃdo en sus emisoras -aunque en las últimas semanas han ido cediendo a la evidencia- a menos que frecuenten ondas latinas o radios de música de discoteca, ambas alejadas de “la obigación a la vÃa principal”. El tema, ahora omnipresente en fiestas de pueblo y discomóviles de barrio, es Danza Kuduro, de Don Omar más Vincenzo:
La cuestión es que en Danza Kuduro, no sólo hay una gira de “el artista genuino”. Hay cuatro.
Por un lado, está Don Omar, el portorriqueño del Dale Don Dale, que es quien firma la original y quien canta el estribillo ganador, con su mano arriba y su cintura sola.
Ahora el tema encabeza las listas de ventas de media Europa y todos los rankings de música latina. Y ante ese mercado mundial de giras internacionales se ha establecido un sistema de franquiciado, donde varios interpretan el mismo tema, maquillándolo como “lo suyo”. Múltiples genuinos, como las tiendas franquiciadas ante un mercado global. La canción del verano, como digo, se cimenta en lo inesperado. Y lo digo con la mano arriba.
Si acuden a Barcelona y quieren hacer visitas que les salven del turismo y les devuelvan a la esencia, tomen el libro de Fernando y Sergio, y dense -como dirÃa Lou Reed- un paseo por el lado salvaje del comercio.
Yo nunca he tenido en mis manos un ejemplar de Rico Tipo, pero sà que me he agenciado el tomo 5 de la Biblioteca ClarÃn de la Historieta, dedicado a Leyendas del Cómic Argentino. Ese volumen está centrado en dos autores de los cincuenta: Lino Palacio y Divito.
El tomo, insisto, no recoge los contenidos de la revista Rico Tipo, sino que se centra en la sola obra de estas firmas. Y es realmente sorprendente ver, con sólo un recorrido a la pluma de Divito, tantos gemelos originales de series españolas de gran calado.
Aún más sorprendente es la cercanÃa entre la sección Siempre se exagera de Peñarroya y las series de Divito El otro yo del Dr. Merengue yDe tal palo tal astilla, que muestran -todas ellas- dos viñetas relacionadas por una doble intención:
Por tanto, Fúlmine es sólo Mortadelo en carne. Pero es, sin duda, el modelo original. Saluden al papá de Mortadelo.
Bola extra- Está implÃcito, pero es bueno ponerlo en tinta: amigos aficionados al tebeo, tal vez va siendo hora de que reivindiquemos por estos lares a Divito como el Kurtzman de los hispanohablantes. No bromeo.
“El Rey del Edredoning”, según la publicidad de una emisora de maquineros, va a pasearse pagado por tres discotecas en tres ciudades distintas. Y manda narices, porque la emisora ha puesto los tres anuncios, uno detrás del otro, en la misma ráfaga. “Arturo, de Gran Hermano once, este sábad…”
Los concursantes de discoteca no son una medida de tiempo (“gran hermano once o gran hermano nada”, dicen los organizadores), sino la distancia entre lo que suponemos y lo que hay. Desde aquà mi admiración por esas personas que van a acudir para coincidir con el concursante. Durante unos segundos de video grabado con el móvil, serán el centro de un universo que no se atreven a decir en voz alta.