No está de más recordar que lo que hoy se denomina “metrosexual”, Larra (por ejemplo en El café) lo llamaba “lechuguino”.
Dice la edición de Cátedra que lechuguino era el “tipo que seguía la moda mas estricta del momento y su atildamiento amaneraba el porte”. No perdamos el diccionario.
El tribunal [del juicio por los crímenes de Alcasser] lamentaba que los testigos saltaran del plató a la sala y viceversa. Pero aparte de criticar los “juicios paralelos” de las televisiones, como lo hicieron también importantes organismos judiciales, no puso remedio a la situación. En el plató, muchos testigos contaban cosas que se contradecían en el juicio. Cuando en la sesión judicial preguntaron a Enriquito [hermano de Antonio Anglés] por qué decía lo contrario de lo que había afirmado antes en la televisión, contestó, en un turbador momento de lucidez:
- Es que aquello era la tele, y esto es un juisio.
Más claro, agua: esto era más serio y aquello sólo era una broma. Pero para el público, no sólo no existía ninguna diferencia, sino que, habitualmente, contaba más “la verdad” de la tele.
Desde las tinieblas: un descenso al caso Alcàsser,
Joan M. Oleaque, pág 267
El acusado dirime así entre el trabajo (“me pagaban para hablar”) y la verdad (“aquí se decide mi futuro”).
Comparen esa declaración con esta sonrojante intervención de Thais Villas, actual colaboradora del programa El Intermedio, en la televisión catalana. El momento empieza en el 0:54, pero el meollo está en el 1:20.
Thais Villas defiende firmemente a una periodista que presiona y presiona a una familiar hasta conseguir una declaración que resultará falsa: “La reportera lo que hace es su trabajo”, dice La profesional Villas. “Una cosa es el trabajo y otra la verdad”, dice el testigo de Alcasser. Adivinen quién ha contagiado la idea al otro, si el neófito al cualificado, o al revés.
Cobrar por hacerlo es lo que legitima. “A mí me dan dinero, y eso es argumento suficiente”. El trabajo santifica: eso sí, santifica lo que quien tiene los cuartos decide pagar.
Tradicionalmente, en las discotecas de nuestro país los hombres no habían bailado nada, más allá del momento de la música lenta. Habitualmente, se quedaban en la barra mirando cómo las mujeres movían el culo sobre la pista. De hecho, bailar de manera exagerada cerca de alguna hembra que tuviese al macho vigilante desde la barra era la mejor excusa para iniciar una pelea, y para que la clientela masculina se dedicase a aquello que mejor sabía hacer cuando se acercaba a la pista: pegarse.
La mujer que bailaba mucho era considerada una puta y pronto se desplegaba a su alrededor una manada de buitres. Al hombre que bailaba de manera exagerada se le tenía por mariquita y pronto recibía una pequeña provocación para iniciar una buena pelea a hostias. Este era el plato de cada fin de semana en casi cada ciudad y cada pueblo, animado por la provocación, animado a perder la cabeza por la combinación incesante de porros y cubatas. (…)
[La llegada de la mescalina, en lo que fue el gérmen de la Ruta del Bakalao] abrió una puerta que ya no se pudo cerrar. Para la juventud contemporánea, empezaba el subidón colectivo: el consumo empezaba a establecerse y los efectos secundarios todavía no se oteaban. La nueva experiencia cambiaba el concepto de ocio. Durante años, la discoteca había servido sólo para dejar pasar la noche. Ahora la discoteca se convertía en otra dimensión, que daba sentido al hecho de vivir y ser joven. Aún era cosa de un destacamento y no un ejército, pero la semilla ya se había sembrado. Esta semilla conseguiría posteriormente que hostiarse en una pista de nivel no provocara respeto, como pasaba en las discotecas corrientes, sino rechazo, ya que cortaba el “buen rollo” químico que reinaba entre los bailarines. Además, esta conjunción también originó que el hecho de ligar resultara prescindible al club, ya que no era comparable a la experiencia interna que proporcionaba la sensación de subida de la droga.
Joan M. Oleaque,
“En éxtasis – Drogas, música mákina y baile:
viaje a las entrañas de la fiesta”
(Ed. Ara, 2004). Págs 38 y 44.
Y así, gracias a la química, las señoritas pueden bailar sin que salgan los puños, los hombres pueden bailar sin que salgan los puños, y en suma, se puede bailar.
Bola extra 1: Esas chicas que bailaban sin buscar ligue, las gogós simultáneas a la era de la química, no faltaban locales donde las colocaban enjauladas:
Bola extra 2: la chica que no puede bailar sola, a la que la suponen inclinada al golferío por mover la cadera, aparece de forma central en El Extraño Viaje, la primera película de Fernando Fernán Gómez. El director expone la situación contrastando el 2:45 frente al 3:45 :
Según el análisis del especialista Roger Martínez Sanmartí, en el hedonismo tradicional, los ricos, los que más recursos económicos y materiales tenían, eran los que más posibilidades tenían también de gozar, ya que el goce, en la sociedad antigua, se basaba sólo en la satisfacción sensual directa. Por contra, el hedonismo de la sociedad moderna se basa en la capacidad de crear un mundo autónomo de significados y de ilusión, en fantasías de deseo y de consumo que trascienden la capacidad adquisitiva.
La “fiesta”, con el uso recreativo de las drogas, exploraba los límites del concepto, y en ésta los hijos, de paso, actuaban de manera contraria a la que les vendían los padres
Joan M. Oleaque,
“En éxtasis – Drogas, música mákina y baile:
viaje a las entrañas de la fiesta”
(Ed. Ara, 2004). Pág 68
La nueva satisfacción en esferas de significación que escapan a la economía y al poder adquisitivo sigue a pleno rendimiento en la época digital. Es troncal en su funcionamiento. Las estatusferas que trazaba Wolfe al retratar el auge de Playboy fueron el último punto de contacto -con fricción visible- entre ambos espacios. Hay gente que no entiende esa separación, con el dinero a un lado y las esferas de significación al otro.
Bola extra: Este libro sobre La Historia del Bakalao me lo ha forzado Rubén Lardín, que se ha jartao de decirme que era extraordinario, y tenía razón. Para ponerle imagen a las palabras, recomiendo ver el vídeo “Hasta que el cuerpo aguante”, un programa que Canal+ dedicó al fenómeno en 1993, y que la desidia del audiovisual español ha convertido en un documento seminal.
La imagen de arriba pertenece al número 152 de la revista Ondas, con fecha de portada 13 de mayo de 1928. Es un artículo de Ramon Gómez de la Serna, donde el autor español predice las propiedades de las ediciones digitales de los diarios. Y lo hace verdaderamente hasta el detalle. Al final pondremos el texto completo, pero destaquemos antes unos cuántos párrafos para el hombre con prisa:
Habrá varias ediciones al día, y aunque todas repetirán algunas noticias, tendrán novedades y últimas horas importantísimas.
El cronista de ese nuevo gran rotativo con onda continua estará de servicio permanente desde la mañana a la noche, dispuesto a pergeñar su crónica urgente en cuanto el teléfono de de la noticia temática.
Los telegramas llegarán al periódico radiado por el Morse, e inmediatamente, aún palpitante el titiriteo del Morse, serán traducidos y lanzados. Las noticias serán de lo más frescas que se han podido alcanzar nunca, y aún se sentirá el ruido del explosión en el mundo cuando se noticie la catástrofe explosiva.
La predicción nos trae a la cabeza de inmediato las portadas de diario con la torre gemela en pleno derrumbe, y con olas de maremoto. Incluso las fotos de partido de fútbol que se publican cuando el encuentro todavía está disputándose. Las ediciones web de los diarios, como predice Gómez de la Serna, se actualizan aunque no haya noticias tan importantes como para ocupar la portada. Tal y como señalaba, la actualidad traduce y lanza las novedades de inmediato.
Su predicción también incluye las retransmisiones vía Twitter, tan traídas en estas fechas en los diarios:
El crítico de teatros del gran rotativo ondífero estará en un palco durante la representación e irá dictando su juicio mientras sucede la obra. ¡Nada de ponerse de acuerdo en los pasillo, ni de dulcificar o agriar el juicio espontáneo!
También Ramón predice la colaboración via email, con una conexión remota que enviaría directamente a la redacción sus textos cuartilla por cuartilla:
Yo espero ser un repentista de ese periódico ondulado y por eso no me mudo de mi torreón, pues me será fácil que instalar un embudo directo con la redacción del futuro diario radiado para que por él vayan mis cuartillas una a una.
Y finalmente, adivina las hemerotecas y los buscadores, a los que retrata como bilbiotecarios que nos entregan ediciones “etereas” del pasado:
Ese obstáculo que pone el diario ondífero, la pereza y el deseo de crear dificultades, diciendo que si no se puede leer el periódico cuando sea radiado se quedarán sin su lectura millares de personas, desaparece diciendo que se repetirá el mismo periódico en dos o tres ediciones iguales a distinta hora, además de los suplementos de última hora (…) Existirá entonces una gran biblioteca, que se llamará “ondateca” y en ella estarán depositados los discos que serán de la última y definitiva emisión del número de cada día, pues eso no será costoso para una Empresa unificada y con tantísimos lectores
Como ven, el autor predijo ¡nada menos que en 1928! las propiedades que hoy las ediciones de Internet de los diarios muestran como absoluta novedad, desde las retransmisiones de las conferencias de Apple hasta las últimas horas de los conflictos remotos, pasando por el columnismo de opinión enviado desde la distancia.
Incluso con esa firme defensa, la visión de Gómez de la Serna y su precisión al prever las ediciones digitales de los diarios merecen su inclusión completa en este humilde rincón. Ahí les dejo el texto completo.
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EL NUEVO ROTATIVO
Con gesto de quien lee un periódico, se abrirá en el porvenir el gran rotativo de más de sesenta y cuatro páginas de ondas
La atención del que repasa el nuevo periódico se parecerá a la que se invierte en repasar los antiguos periódicos de papel y tinta; sino que las hojas de éste se transparentarán sobre el que lee como si estuviese escrito en caligrafía es del aire, en pendolismos de la ráfaga.
Esa entrada por debajo de la puerta, con ruido de cola de papel que se desliza por la breve rendija, ya no tendrá ese frufruteo de papel sino que será silencio e invisible colarse por entre burletes y hermetismos.
El roce del buzón y la gran carta del periódico ya no serán sino inmaterial anunciación que atravesará los cristales sin romperlos ni mancharlos.
Habrá varias ediciones al día, y aunque todas repetirán algunas noticias, tendrán novedades y últimas horas importantísimas.
El cronista de ese nuevo gran rotativo con onda continua estará de servicio permanente desde la mañana a la noche, dispuesto a pergeñar su crónica urgente en cuanto el teléfono de de la noticia temática.
Los telegramas llegarán al periódico radiado por el Morse, e inmediatamente, aún palpitante el titiriteo del Morse, serán traducidos y lanzados. Las noticias serán de lo más frescas que se han podido alcanzar nunca, y aún se sentirá el ruido del explosión en el mundo cuando se noticie la catástrofe explosiva.
El crítico de teatros del gran rotativo ondífero estará en un palco durante la representación e irá dictando su juicio mientras sucede la obra. ¡Nada de ponerse de acuerdo en los pasillo, ni de dulcificar o agriar el juicio espontáneo!
Hasta las esquelas de defunción llegarán inmediatas y tendrán como orla un asordado redoble de tambores lo bastante luctuoso para señalar que son noticias tristes.
Yo espero ser un repentista de ese periódico ondulado y por eso no me mudo de mi torreón, pues me será fácil que instalar un embudo directo con la redacción del futuro diario radiado para que por él vayan mis cuartillas una a una.
Ese obstáculo que pone el diario ondífero, la pereza y el deseo de crear dificultades, diciendo que si no se puede leer el periódico cuando sea radiado se quedarán sin su lectura millares de personas, desaparece diciendo que se repetirá el mismo periódico en dos o tres ediciones iguales a distinta hora, además de los suplementos de última hora.
- Pero, ¿y el que quiera volver sobre lo dicho en el número anterior el día siguiente, o quizás muchos días después?- pregunta aún el dificultoso.
Existirá entonces una gran biblioteca, que se llamará “ondateca” y en ella estarán depositados los discos que serán de la última y definitiva emisión del número de cada día, pues eso no será costoso para una Empresa unificada y con tantísimos lectores, y el bibliotecario pondrá en la cabina de repetición el disco atrasado y dará unos auriculares al “ondo-lector”
Ramón Gómez de la Serna
Revista Ondas, num. 152
13 de mayo de 1928.
Bola extra: pulsando la imagen del artículo, se amplía.
José Maria Carandell (hermano de nuestro Santo Patrón Celtibérico don Luis Carandell Robuste) publico una guía de Barcelona que sigue insuperada, sobre todo por la voluntad del autor de mantenerla al día en los elementos marginales más llamativos. Su Nueva Guía de Barcelona (Martínez Roca, 1982) tiene toda una sección dedicada a las “magias, religiones, esoterismos y demás“, donde aparece un apartado dedicado a los curanderos que se remata con este último ejemplar de tecnología altamente celtibérica:
En la calle Mas Baja de San Pedro, hay otro que cura con una música (inaudible para los enfermos) grabada en una “casette”.
Tal vez en la actualidad aún haya curanderos que utilicen este fascinante tratamiento; de ser así, cabe con aún más ímpetu en nuestro museo celtibérico.
Al poco tiempo de cuajar el movimiento 15m en las plazas, usuarios en twitter denunciaban que las bibliotecas madrileñas no permitían el acceso a las webs del movimiento. Los chavales que no se pueden costear una conexión acudían al servicio público a consultar el mundo, y el retrato del planeta les venía convenientemente lavado. Tradicionalmente, las bibliotecas habían censurado contenidos en internet sobre las vías básicas de la pornografía y el hackeo: el sexo y el riesgo de ataque. Cosas que son circundantes a la cultura, a cuyo tronco se encomiendan las bibliotecas.
Hace pocos días los rotativos convertían esa denuncia en noticia, con bastantes semanas de retraso. Ha bastado esa publicación para forzar la corrección: las bibliotecas madrileñas han dejado paso a un grupo selecto de páginas web del movimiento. Las censuradas se incluyen a bulto, las permitidas se eligen a dedo.
El detalle fascinante en el proceso son, claro está, las justificaciones públicas del proceso. Porque normalmente las declaraciones públicas son versiones suavizadas y moderadas de un fantasma mayor que sólo se entrevé por las rendijas.
lo especifica el Ayuntamiento de Madrid en un comunicado oficial que admite que entre las restricciones relativas a criterios de “contenido” (que veta webs de sexo, violencia, armas , blogs, etc..) el sistema de filtrado que utiliza la plataforma de Telefónica incluía una programación que limitaba el acceso a contenidos de “activismo” político.
En este breve párrafo aparece condensada una severa carga a la cultura que se permite. Por un lado, la censura al activismo político filtra en el horizonte la sospecha de que El Capital de Marx o las biografias de Reagan (dos activismos políticos) durarán poco en las estanterías, más cercanos del fuego purificador que del préstamo ciudadano. La otra, es el miedo a la actualidad, donde El Capital tiene valor cuando Marx ha muerto, y el liberalismo cuando Reagan ha perdido la chaveta.
Esa paradoja primordial -donde entre todos se construye una fuente donde sólo puede manar el agua que ven bien unos pocos- toma la hermosa justificación del proceso Sabor a Hiel: “¡La prohibición es de las máquinas!”, dicen; “¡Nosotros no hemos hecho nada!” Las máquinas hicieron que en los libros de Ana Rosa Quintana aparecieran mágicamente párrafos enteros plagiados de otra novela, y ahora censuran mágicamente los retratos de la actualidad, del propio mundo, en el lugar donde el ciudadano consulta el conocimiento del mundo.
Mi línea favorita, sin lugar a dudas, es esta:
el concejal de Hacienda y Administración, Juan Bravo, ha explicado que (…) el área de informática del Ayuntamiento gestiona técnicamente la plataforma, pero no define los grupos que deben ser permitidos o filtrados. Las webs clasificadas como prohibidas, dentro de cada grupo, son definidas por el fabricante del filtro. Los gestores solo pueden establecer excepciones. Y es lo que se ha hecho en este caso, asegura Bravo.
Es decir, que no sólo la censura continúa y continuará,
(censura que deciden mágicamente los ignotos hombres tecnológicos de la compañía telefónica en casual connivencia con los políticos, pura coincidencia),
sino que se dice -con absoluto orgullo-: si alguien vuelve a denunciar otra censura, que sepa que necesitará que su reclamación aparezca en un rotativo nacional, con todo lo que conlleva encontrar el espacio, para que sea corregida. Se dice abiertamente, con todo el descaro que ha encumbrado la política moderna.
Qué maravilla: en el farenheit del XXI no hay fuego. No es siquiera necesario.
El de arriba es Fernando Muñiz, posando como patriarca gitano, en uno de sus bares. Digo sus bares porque Fernando ha sacado un libro, titulado Barcelona on the Rocks, en el que hace un recorrido por lo más granado de la hostelería de Barcelona y cercanías. No estamos hablando de tapas sibaritas ni de caldos de reserva, sino del calor humano. Como respuesta a la avalancha asfaltadora del turismo que está convirtiendo progresivamente a Barcelona en un homogéneo centro comercial, Fernando -uniendo fuerzas con Sergio Fidalgo- ha levantado acta de existencia de los bares más peculiares de la metrópolis, en un ejercicio de antropología urbana, o incluso de arqueología pre-cog, de conservación consciente de ruinas antes de que queden pulverizadas. El esfuerzo de Fernando es digno de encomio, y retrata asociaciones pajariles lo mismo que bares-museo del cantante más incógnito o del club de futbol menos valorado. Bares que tienen piezas de mayor valor que las de cualquier museo, y bares que serían piezas de un museo que quiera recuperar el antes de la hegemonía de la franquicia.
Fernando es uno de esos hombres que no necesitaría presentación pero que no ha sido suficientemente señalado. Por ejemplo, es muy culpable de que el programa de mayor audiencia de la televisión se llame Sálvame, porque él fue quien recuperó el tema de Bibí Andersen en uno de sus ya míticos recopilatorios titulados Spanish Bizarro. Confeccionó la revista Flandis Mandis junto a Pérez Andújar, estuvo en la órbita de Mondo Brutto -aún se recuerda aquella fiesta con El Payo Juan Manuel- y fue un voluntarioso desenterrador de joyas en la época en la que se pretendía higienizar el recuerdo igual que ahora se higienizan las terrazas a golpe de Starbucks.
Si acuden a Barcelona y quieren hacer visitas que les salven del turismo y les devuelvan a la esencia, tomen el libro de Fernando y Sergio, y dense -como diría Lou Reed- un paseo por el lado salvaje del comercio.
Phil Belger, estudiante de diseño, ha toreado esa tendencia moderna de poner una madalena en la portada de En Busca del tiempo perdido, o de lucir el motivo de la moqueta de la peli de Kubrick para la cubierta de El Resplandor,
y ha confeccionado estas piezas que colocan la obra del pasado en un lugar muy concreto de nuestra vida moderna. La apartan del extraño pedestal en el que las ha colocado el devenir y la devuelven a su lugar de origen, que es comprensible en el ahora. El cortocircuito es puramente gráfico, pero tiene dentro una declaración de intenciones. Y voluntad de leerse la obra para hacer la cubierta. Un coloso.