El ilustre Narciso Ibáñez Menta (padre de Chicho Ibáñez Serrador y actor protagonista de muchas de sus entregas en “Historias para no dormir” y “Mañana puede ser verdad”) aparecÃa promocionado como actor primerÃsimo de la Gran CompañÃa de Zarzuela con esta vistosa hoja publicitaria de 1924:
Aquà abajo les dejo la postal promocional, y aquà el evento facebook:
No será una sesión al uso: vamos a escuchar explorar los contornos de la música para dilucidar pequeñas parcelas de lo raro, y sus conexiones con lo normal. Allà sobrevolarán (¡pero no sonarán!) Pizzicato Five, Air, Björk o Kronos Quartet, mientras Valerio Lazarov enlaza con Serge Gainsbourg, y los informativos se convierten en instrumentos solistas.
Una sesión musical donde no habrá mesa de mezclas ni baterÃas de efectos ni controles de pitch ni nadie va a pedir que levanten las manos al ritmo de la música. Lo contrario a lo que ilustra esta foto, y a la vez todo lo que la foto contiene fuera del marco:
El escritor Xavier Theros, que está recorriendo curiosidades en su bestiario estival, narra hoy en el diario El PaÃs el origen de la mÃtica acrobacia sexual del Salto del Tigre.
Les hago un extracto recompuesto:
Miguel Pigrau era un actor de carácter, un secundario caracterÃstico que daba realce al montaje. Regordete, de frente ancha, bigotazo y una mirada profunda y afectada.
Lleva su Otelo a Madrid. Allà no parece que le hagan mucho caso y decide volverse a Barcelona, donde comienza a contar las bondades de su interpretación más famosa en las tertulias de la gente del teatro, que por aquel entonces están de moda. En una de ellas le oye Santiago Rusiñol, que inmediatamente le pide que le enseñe su afamado talento interpretativo. La cosa tiene lugar en plena calle.
El pasado 15 de julio impartà en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona esta conferencia sobre los Lemas y Consignas del movimiento 15M que pueden ver en el vÃdeo:
Como previo a la conferencia se publicó esta entrevista, donde hablo del lenguaje en el 15M:
El CCCB ha publicado los videos de toda la jornada Urgent #2 en este rincón. Notarán que yo he editado el vÃdeo de mi charla, eliminando problemas informáticos y asegurándome de que todas las pantallas que se proyectaron aparecen en el vÃdeo.
En consecuencia, he disfrutado con la lectura de Noches de BV-80, de Valtueña. Un tochaco de mil y pico páginas que narra la Zaragoza subterránea, la del teatro improvisado y los grupos de rock incipientes y los chavales de sexo, drogas y volumen alto. Lo hace desde la barra de un bar del que se sale para ir de putas, ser atracado a punta de navaja y comprar discos, que empezaban a aparecer las tiendas. Si fuera Nueva York, estarÃan todos babeando. Pero habla de aquÃ, les explica a ustedes. Le da marco al contexto en el que estamos, que creemos que ha caÃdo del cielo.
El privilegio del BV80 es que fue un vórtice. Mientras en otras ciudades los punks iban por su lado y los jevis por su otro y los pintores por allá y los poetas por el suyo, en Zaragoza entre 1981 y 1983 todos pasaban por ese lugar, porque no habÃa otro. Allà tenÃas performances y guitarreros y recitados y cante jondo, con los consiguientes conflictos entre tipologÃas de público, porque les recuerdo que en los ochenta las diferencias de tribu se resolvÃan a palos. La historia del BV-80 puede ser la historia canon de la Transición subterránea porque no separa ni encapsula: están todos en el mismo lugar, los conflictos y las relaciones están a la vista. El bar, ese bar, es el modelo a escala de todas las calles en la máxima efervescencia.
Mil páginas dan para mucho, y por ahà verán a mucha gente que les sonará. Aparece Sabina, y Krahe, y Loquillo, y Miguel RÃos, y Manolo GarcÃa, todos como actores secundarios, como cameos insignificantes, en una historia que tiene el centro en otro lado, en ese lugar que nunca aparece en los documentales. Que explica lo que luego, en los estudios, se reconstruye teorizando.
La cultura de la ciudad se propaga en los bares, y se revela donde solo habÃa uno. Allà tocó por primera vez un quinceañero colegial que serÃa Enrique Bunbury, allà pululaba el malogrado Mauricio Aznar, hacÃa la suya La Polla Records. Allà meaba a la concurrencia Dionisio Sánchez, epataba el Grifo invadiendo de Guardia Civiles. Allà pasaba todo, en un imprevisto diario, que es el ideal de la vida urbana fuera de programa.
He estado leyendo los obituarios de la muerte del domador y empresario Angel Cristo. Los textos señalan que si conocemos a Cristo es porque se casó con la actriz Bárbara Rey, prototipo de jamona en los tardosetentas. La convenció para abandonar el glamour de la pantalla plateada, con sus desnudos si-lo-exige-el-guión, y cabalgarse en el nómada y esforzado gremio del circo. Cuando tuvieron su primer hijo en 1981, recuerdo que en la calle se lamentaba, con media sonrisa, que no le impusieran el nombre de Jesús. Jesús Cristo Rey; eso es un nombre rotundo.
Me fascinan los obituarios de Angel Cristo porque están formulados como un inmenso listado de desgracias. Detallan las ocasiones en las que fue hospitalizado por ataques de las fieras -que es la amenaza constante de la profesión de domador-, sus denuncias, su ruptura matrimonial y su quiebra económica. El obituario de Angel Cristo es el retrato de un camino hacia abajo, donde sólo hay sombras.
Me recuerda en exceso a los compilados que les muestran a los concursantes de Gran Hermano cuando abandonan la casa: videos en los que se expone, condensada, la peor parte de si mismos. Broncas y tensiones repartidas a lo largo de meses, concentradas en minutos. En las selecciones de los realities, “lo mejor” del concursante sólo se comprende como “lo peor” del concursante. Los tiempos buenos están fuera del perfil; un perfil que se le impone a priori.
Los obituarios de Angel Cristo se leen como la trama principal de Asfixia de Palahniuk. Cristo sólo está ahà para materializar, dar carne, a los lados negativos. No hay espacio para la magia de las focos ni para un premio que sólo podÃa tener forma de palmas. En el relato de la muerte de Angel Cristo, sólo hay lugar para las sombras. En la muerte de Cristo sólo hay pecados, sin redención.
Hoy, en Fnac L’illa Barcelona a las 19:30h, Jordi Costa y un servidor hablaremos del futuro dentro del ciclo de conferencias Barcelona2159, que busca trazar directrices sobre el próximo siglo y medio.