La semiótica Rambis
Viernes, 20 de Junio de 2008
Ahora que ha pasado el furor de las finales de la NBA, con el español Gasol por medio, es cuando apetece hablar de lo- mismo- pero- otra- cosa.
Esta primavera leÃa “Sexo, drogas y arroz chocolateado” de Klosterman, un libro con el que me lo pasé pipa. TenÃa un artÃculo sobre la célebre rivalidad boston-Lakers de los ochenta, la era Magic Johnson-Larry Bird. Klosterman decÃa que lo condensaba todo: conflictos raciales, diferencias económicas, lo rompedor frente a lo tradicional,… Incluso tenÃa sus paradojas, como que Johnson se habÃa criado en un barrio rico mientras que Bird no podÃa haber salido de una familia con más conflictos ni de un barrio con más problemas.
Pero una de las cosas que me fascinó más fue que señalaba que, en el equipo negro de los Lakers, el único blanco notable era voluntariamente feo.
Kurt Rambis.
Por si no lo recuerdan, este era su aspecto:

Deben tener en cuenta que Rambis se encontraba en el banquillo de Pat Riley, que encarnaba, con su traje y su gomina, al broker de riesgo que conseguÃa el éxito rompiendo las reglas. La estética de Rambis, nunca me habÃa parado a pensarlo, era voluntaria.
El caso Rambis sale a colación ahora que los actores tienen, por contrato, que ofrecer una imagen de ficción. La protagonista de Yo soy Bea no podÃa salir a la calle excepto con el atuendo del personaje. El actor que encarnaba a Roberto Chikilicuatre no podÃa ejercer públicamente. El personaje sustituye a la persona, como sucede en la mente de los cortos de mollera que paraban a Santiago Segura por la calle proponiéndole “unas pajillas”.
La diferencia es que en Kurt Rambis, más allá del contrato -que no tenÃa, por lo que sé, cláusula estética-, su decisión es de militancia.
En los reportajes sobre la final de este año, aparecÃa de vez en cuando Kurt Rambis, que sigue trabajando para los Lakers, pero con una estética bien distinta. La época de su personaje ha acabado. Pero en los ochenta, Rambis fue la estética militante silenciosa.
Un mensaje que se emitÃa con gafas y bigote que parecÃan de complemento de feria. Pero, sin lugar a dudas, un mensaje.



