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post La televisión española, explicada con zombies

Martes, 11 de noviembre de 2008

Raul Sensato a eso de las 7:12 am

La presentadora de Gran Hermano

La imagen de arriba es una foto promocional de la miniserie televisiva Dead Set, que el canal inglés Channel 4 ha emitido cada noche la semana anterior a la noche de todos los santos. Aunque les parezca una locura, esa foto es nuestro reflejo. Me explico.

La premisa de la serie Dead Set es fascinante: el mundo cae bajo una plaga zombie, y los únicos que no se enteran son los concursantes de Gran Hermano.

La trama que parte de esa idea, detalla la relación entre lo real, la ficción, la ficción que pretende pasar por real, y lo hiperreal, que pese a ser mentira es más real que lo real. Para los personajes, la mayor parte de ese conflicto se condensa en la primera entrega -el doble de larga que las siguientes-, en el momento en el que una de las pocas humanas que quedan vivas, entra en la casa de Gran Hermano cubierta de sangre y con la tensión por las nubes.A los ojos de los concursantes, evidentemente, tiene que ser una actriz, porque, como norma no escrita, lo que rodea a los concursantes y al concurso es necesariamente falso.

Todo lo que le sucede a la telerrealidad es mentira. Y si algo real ocurre en la casa -como aquel intruso que entró en la casa con una bandera de Euskal Presoak- es borrado. Como si no existiera.

La parte de realidad que tiene la telerrealidad puede ser mayor que la que aparece en la televisión estándar, donde todo es sistemáticamente etéreo. Pero se requiere un bisturí clínico –o el ojo de Gustavo Bueno– para separarla de las condiciones de contorno –las reglas del concurso, las actividades que les preparan- que las inclinan hacia lo falso. Esas condiciones de contorno eliminan la realidad de la telerealidad, y se imbuien de la falsa autenticidad para llevar la demencia al extremo. Ese es un camino sin retorno que ya retraté en este artículo.

Ese momento, en el que la realidad envenenada de ficción se encuentra con la realidad que no tienes más narices que afrentar, es el motivo central de la serie Dead Set. Es admirable la distancia que nos marcan los ingleses en televisión. Ellos hacen una serie brillantemente construida, entretenidísima, en la que no se escatiman escenas de sangre y tripas, y que tiene una carga de profundidad de crítica televisiva. Mientras, aquí, nosotros tenemos esa televisión de ni-chicha-ni-limoná  que tiene que gustarle a niños y a abuelas, en la que todo lo que no son broncas, incluye tetas. Allí, cuando hacen series de zombies, destripan en pantalla, construyen una narrativa impecable, plantean preguntas esenciales para cualquier espectador y dicen abiertamente que no todos los programas tienen que ser para débiles mentales ni tienen que doblarse a las asociaciones de personas emperradas en que todo sea lo mismo.

Pero si he empezado subrayando la imagen de arriba, es porque hace unos días les puse un extracto de Eloy Fernandez Porta que a la luz de la serie Dead Set toma nueva luz. Si no recuerdan el extracto, léanlo aquí.

La mujer de la imagen no es una actriz cualquiera. Es Davina McCall, o mejor dicho, es la presentadora de TODAS las ediciones del Gran Hermano británico.

Imaginen por un momento lo que ha debido suponer para un espectador británico ver cómo Davina era asaltada por un grupo de violentos, hasta dejarla tumbada y ensangrentada contra una fuente de agua fría. La presencia de McCall convierte a la serie en una versión de la mejor Guerra de los Mundos: un espectador tardío, encendía la tele, veía a la presentadora de siempre expulsar a un concursante de su programa de siempre… y de repronto aparecía ante las cámaras un caos de sangre y violencia.

Lo que importa aquí es notar que Dead Set, con Davina McCall primero asesinada y luego convertida en zombie, es un negativo perfecto de lo que sucede en España. Y todo se concentra en la ficción asociada a la presentadora. El mito de McCall incluye un currículum con trabajos poco lucidos, lo que, como insiste en subrayar en sus entrevistas, “me sirve para empatizar con distintos tipos de gente”. En España, el mito de la presentadora de Gran Hermano, Mercedes Milá, está imbuido de todo lo contrario. Particularmente, en su etapa telecinquera, en la que se vende, fuera de GH, como fuerza armada del bien y las buenas costumbres. Se va a una barriada a filmar drogadictos o prostitutas y allí ejerce, de nuevo,  “la severidad del obispo, la crueldad de la maruja, la celebridad del populista y la ubicuidad de la cámara – sin olvidar la siniestra sapiencia de la policía secreta”.

En particular, sus métodos plantando ganchos con cámara oculta y luego luego filmándose a ella misma durante la  intervención de la policía (dejando entrever que eso es gracias a ella y que ella es la justicia) ha sido largamente documentado por el programa Telemonegal. (Es curioso señalar telecinco ha mostrado su interés en que lo que emiten por televisión no quede guardado en el tiempo, y sea susceptible de observación minuciosa. Han demandado a Youtube por albergar videos suyos -que es, ciertamente, de recibo-, pero no han ofrecido un sustituto propio)

Entenderán que Milá zombificada no es McCall zombificada. Son mundos inmiscibles. Ficciones inmiscibles. Son puentes que Milá no puede descruzar, por mucho que se maquille y escupa sangre. Milá se ha vendido como la justicia, mientras que McCall se ha vendido como ciudadana de la calle, que es la masa material en la que se sustenta la propia idea de plaga zombie. McCall se construye desde lo real, y Milá se construye desde la mentira.

La serie inglesa, el discurso inglés, constituye no solo una crítica al telespectador -el gran hermano termina sólo siendo visionado por zombies, que se siguen amontonando alrededor de la casa, como en las noches de expulsión, y alrededor de los televisores- y a la propia materia de la televisión. Pero además, encarna nuestro problema de fondo.

La parte de realidad que tiene la televisión inglesa es muy pequeña, el mismo porcentaje de realidad que tiene una entrega estándar del Gran Hermano español. Pero esa pequeña parte es más de lo que tenemos aquí. Dead Set es el producto audiovisual que mejor define la enorme, insalvable distancia entre lo que tenemos y lo que merecemos.

Empezando por lo más doloso en insalvables distancias:
en los créditos de Dead Set,
el nombre más destacado es el del guionista.

Ya hay 8 comentarios »

  1. Me acaba de dejar usted muertecico. Había leído el título de esta serie y no tenía ni idea de sobre qué iba. No dude que la veré. Pronto, y más muerto que vivo.

    Comentario de SrLansky — noviembre 11, 2008 @ 8:46 am

  2. Lo merecemos, Raúl? usted cree que lo merecemos? hemos hecho méritos como expectadores para merecer algo distinto a la bazofia que se nos suministra?

    Comentario de C. Rancio — noviembre 11, 2008 @ 9:06 am

  3. Me acabo de dar cuenta de que las dos ultimas entradas aquí coinciden en secuencia con lo que posteó Dr. Zito en su blog. Primero “Fun at Work” (con simétrico en nuestro batería) y luego “Zombi TV” (también sobre Dead Set). Que cosas.

    http://drzito.wordpress.com/2008/10/

    Comentario de Raul Sensato — noviembre 11, 2008 @ 10:59 am

  4. Coño, casualmente la vi este fin de semana y me gustó mucho. Lo que no sabía es que la tal Davina era la presentadora real de ese concurso, lo que le da otro toque, dede luego.

    Comentario de XCAR Malavida — noviembre 11, 2008 @ 11:39 am

  5. Ya sabe usted que las grande mentes se sincronizan. Pero yo fui antes! 😛

    Comentario de Dr Zito — noviembre 11, 2008 @ 12:10 pm

  6. Ah, se me olvidaba, acertadisima la referencia al zombi abertzale que entro en aquella edicion para devorar a Koldo.

    Comentario de Dr Zito — noviembre 11, 2008 @ 12:15 pm

  7. Sobre Mercedes Milá, recuerdo el peor reportaje que se haya podido ver en la historia de la tv mundial, el del Vale Tudo.

    Comentario de chrispeterson — noviembre 12, 2008 @ 6:34 pm

  8. Vamos a tener que charlar de Gustavo Bueno. Pero a solas, solas ¿eh? Dónde anda por GTALK, maestro de DIOS. Está asi como huérfano, con boinita y de callejón londinense.

    Comentario de Alvy Singer — noviembre 13, 2008 @ 12:47 am

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