Yo, por ejemplo, en toda mi vida sólo he conocido detractores de Bisbal, La Oreja de Van Gogh, Alejandro Sanz, etc. No he conocido ni a un solo fan suyo. ¡Ni a uno! Sólo detractores, que llenan bares y plazas, y hacen cola en el súper.
En consecuencia, he disfrutado con la lectura de Noches de BV-80, de Valtueña. Un tochaco de mil y pico páginas que narra la Zaragoza subterránea, la del teatro improvisado y los grupos de rock incipientes y los chavales de sexo, drogas y volumen alto. Lo hace desde la barra de un bar del que se sale para ir de putas, ser atracado a punta de navaja y comprar discos, que empezaban a aparecer las tiendas. Si fuera Nueva York, estarÃan todos babeando. Pero habla de aquÃ, les explica a ustedes. Le da marco al contexto en el que estamos, que creemos que ha caÃdo del cielo.
El privilegio del BV80 es que fue un vórtice. Mientras en otras ciudades los punks iban por su lado y los jevis por su otro y los pintores por allá y los poetas por el suyo, en Zaragoza entre 1981 y 1983 todos pasaban por ese lugar, porque no habÃa otro. Allà tenÃas performances y guitarreros y recitados y cante jondo, con los consiguientes conflictos entre tipologÃas de público, porque les recuerdo que en los ochenta las diferencias de tribu se resolvÃan a palos. La historia del BV-80 puede ser la historia canon de la Transición subterránea porque no separa ni encapsula: están todos en el mismo lugar, los conflictos y las relaciones están a la vista. El bar, ese bar, es el modelo a escala de todas las calles en la máxima efervescencia.
Mil páginas dan para mucho, y por ahà verán a mucha gente que les sonará. Aparece Sabina, y Krahe, y Loquillo, y Miguel RÃos, y Manolo GarcÃa, todos como actores secundarios, como cameos insignificantes, en una historia que tiene el centro en otro lado, en ese lugar que nunca aparece en los documentales. Que explica lo que luego, en los estudios, se reconstruye teorizando.
La cultura de la ciudad se propaga en los bares, y se revela donde solo habÃa uno. Allà tocó por primera vez un quinceañero colegial que serÃa Enrique Bunbury, allà pululaba el malogrado Mauricio Aznar, hacÃa la suya La Polla Records. Allà meaba a la concurrencia Dionisio Sánchez, epataba el Grifo invadiendo de Guardia Civiles. Allà pasaba todo, en un imprevisto diario, que es el ideal de la vida urbana fuera de programa.
En el espÃritu de esta entrada anterior, aquà tienen otra pareja de videos musicales en la que la canción conserva una temática común en la letra.