
El término «violencia de género» es un anglicismo de traductores perezosos que pretende ilustrar lo que de toda la vida se ha llamado «crimen pasional». Es admisible. Igual que no había manera de que nuestro expresidente del gobierno utilizara la palabra «guerra», es comprensible que se quiera eliminar la pasión del crimen pasional. En la reciente película Hot Fuzz, se ve a un policía que dice que los encontronazos entre vehículos se llamaban «colisiones» y no «accidentes» porque la palabra accidente dejaba entrever que era «una intervención de la casualidad». El caso de la colisión me gusta, porque redunda en la sinceridad y en el acotar el objetivo de la descripción. Quitar la pasión al crimen pasional es más mentiroso que la separación accidente/colisión, pero no es bochornoso.
¿Donde ponemos el límite? Lo sabemos cuando nos lo encontramos de bruces. Este domingo vi con absoluto asombro que el presentador de los informativos del canal televisivo telecinco, se refería al crimen pasional como «terrorismo machista».
«Terrorismo machista»
No, en serio. No era un viandante con micrófono de encuesta. Era el presentador recitando un texto comparado y confirmado.
Me parece llamativo que los informativos de hoy, en el que están planteados dos terrorismos organizados y definidos -el antiespañol local y el antinorteamericano mundial- se vacíe de contenido la palabra terrorismo.
Ahora bien, si llamar terrorismo al crimen pasional tiene como objetivo el sobredimensionar su imagen pública, cabe preguntarse si es positivo o negativo desdimensionar el terrorismo de verdad, el que difunde el terror como herramienta de desestabilización, el que impone el miedo al desastre generado «al azar» (al azar, claro, desde la vista del hombre de la calle; aunque el ataque siga un plan predeterminado, como atacar un cuartel o disminuir el turismo, al ciudadano particular le afecta «porque pasaba por allí»)
Vaciar de contenido la palabra terrorismo, equivalerla a «delito frecuente», colocarla a un paso de usarla para hablar de los accidentes de tráfico, y a dos pasos de la nada, me parece fascinante. Otra palabra más como «fascista» (que se usa para personas que no defienden las tesis del fascio) o «feminista» (como si hubiera un solo tipo de feminismo), lanzada al cubo de la basura que ocupan los términos difusos. Así todos estamos de acuerdo, porque al no significar nada, todos pensamos que tenemos la misma idea en la cabeza. Un desastre. Vivan los falsos acuerdos.