Doctor Repronto -
sábado,
15 de
marzo de
2014, a las
00:01
Esta entrega de Reflexiones de Repronto trata dos perfiles que aparentemente son polos opuestos, pero que resultan tener puntos en común. Y precisamente esos puntos en común entre lo aparentemente opuesto dan luz a los informativos actuales y a las cubiertas de los diarios de nuestros días.
– Lo que lleva el doctor al cuello en el principio de la entrega (y que retoma en el cierre) es una estola, que ha sido en los últimos años el complemento distintivo de los participantes lechuguinos en los concursos-reality de televisión.
– En la intervención de la periodista, aparece un hombre con trompetilla y un monitor con fondo rallado porque el corte está tomado del programa APM; también sale de allí la selección de cortes del programa «El Armario de Josie». La selección de intervenciones de Tomás Roncero la hemos realizado en el laboratorio.
– Este capítulo de Repronto muestra cómo el partidismo a priori ha conducido a que los informativos dejen de mirar «lo que pasa ahí fuera». Vean como ejemplo la portada anteayer del diario ABC, donde se cita a sí mismo seis veces -sin contar la cabecera- y donde no hay el mínimo rastro del mundo exterior. Pueden verla aquí.
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Este capítulo incluye fragmentos de:
Carta de Ajuste (RTVE, 1958)
Macy’s M Style Sessions (AlloyTV, 2011)
El Armario de Josie (Telecinco, 2010)
APM (TV3, 2010)
La Portería (BTV, 2012)
AS.com (AS TV , 2012)
Punto Pelota (Intereconomía, 2012)
The Simpsons: The Itchy & Scratchy & Poochie Show (Steven Dean Moore, 1997)
– Llevábamos tiempo deseando confeccionar una entrega en 3D, pero se nos resistía encontrar un tema donde el fondo encajara con la forma. Una vez hallado, hizo falta el arte digital y anaglifo de la Sra. Señal, que merece un aplauso especial.
– Gracias al 3D anaglifo se aprecia mucho mejor el logotipo de Reflexiones de Repronto.
– Si el efecto 3D no es satisfactorio en la versión comprimida del reproductor, les recordamos que -como siempre en esta videoserie- tienen el video en su formato original disponible para descarga.
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Doctor Repronto -
sábado,
15 de
febrero de
2014, a las
00:01
Luis Carandell decía que una marca distintiva del celtiberismo rancio ha sido el barroquismo al hablar. Lo encontramos en el patriarca gitano que se disculpa con circunloquios y en el discurso del alcalde que debe una explicación y en la intervención del catedrático trasnochado y en las frases del agente que tiene órdenes que no va a cuestionar ni permitir que se las cuestionen y en las invitaciones que terminan con una frase donde dan «el testimonio de mi más distinguida consideración». Una costumbre que no sabe ni de izquierdas, ni de derechas, ni de proyectos, ni de ideologías. El discurso ampuloso ha sido una forma habitual de escurrir el bulto y de enmascarar la ignorancia, intentando que las florituras distrajeran del vacío.
Al otro lado del Atlántico, un hombre llamado Lewis Powell iba a amasar una fortuna ofreciendo sus servicios para controlar el lenguaje. Eran los años 70, y Powell se había dado cuenta de que los estudiantes brillantes, los que iban a crear los inventos del futuro, estaban todos en contra de la guerra del Vietnam. Eran todos pacifistas y ciudadanos concienciados. Escribió a la Cámara de Comercio de Estados Unidos avisando de que estos jóvenes «podrían crecer siendo anti-negocios» y perfiló la idea de los Think Tanks donde se conformaría un retrato del mundo desde el ángulo de los empresarios adinerados. Powell forjó así su modelo diseñado para controlar la discusión, lo que hoy conocemos como Neolengua, que se desarrolló en fundaciones como la Heritage Foundation y el Manhattan Institute, todos bajo la batuta de Powell y muy bien pagados por el gobierno conservador.
La neolengua, este reemplazar palabras para cambiar los contextos, es una tecnología lingüística muy cuidadosa. Lo atestiguan la sustitución de «niños» por «menores» y la de «presos» por «internos», dos cambios muy profundos.
La exactitud de la tecnología neolingüística entra lógicamente en conflicto con el deje ampuloso y decimonónico que tanto gusta entre la «gente de bien» española. Y de ello trata esta entrega de Reflexiones de Repronto.
– El Doctor no ha sido fiel al guión y donde dice «a la playa […] en primera línea de playa» debería haber dicho «a la playa […] en primera línea de mar».
– Si quieren entender mejor cómo se practica la neolengua (y, centrándose en lo audiovisual, cómo maquilla de plural los programas de televisión propagandísticos) les remito al sociólogo George Lakoff. Lo que él explica sobre las tertulias de los canales norteamericanos vale para los programas de los canales de las televisiones españolas, e ilumina sobre por qué esos programas tienen siempre los mismos tertulianos, profesionales en ejercicio de la tecnología lingüística. Pueden leerle en libro o escuchar sus conferencias.
– Ahora que la neolengua ha dejado de ser transparente, los medios conservadores dicen (atentos aquí) que es un invento de los nazis y de los rusos comunistas. Vean este corte de Telemadrid (cuyo sesgo entenderán al recorrer esta breve historia del canal).
– El aporreamiento de estudiantes que sólo señalaban que tenían frío y el argumento que defiende que los alumnos sin calefacción se merecen estar sin calefección (porque no es una situación que se deba corregir, después de tener noticia) me siguen asombrando aún hoy.